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Boyhood (Momentos de una vida)
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Calificacion 7,3
Género:

Drama

País: USA
Duración: 159 min.
Año: 2014
Director: Richard Linklater
Reparto:
Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Ethan Hawke, Lorelei Linklater, Jordan Howard, Tamara Jolaine, Zoe Graham, Tyler Strother, Evie Thompson, Tess Allen, Megan Devine, Fernando Lara, Elijah Smith, Steven Chester Prince, Bonnie Cross, Libby Villari, Marco Perella, Jamie Howard, Andrew Villarreal, Shane Graham, Ryan Power

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Boyhood (Momentos de una vida)

Historia dramática que recorre 12 años (2002-2013) de la vida de Mason (Ellar Coltrane) de los seis a los dieciocho. Durante este periodo, se producen todo tipo de cambios, mudanzas y controversias, relaciones que se tambalean, bodas, diferentes colegios, primeros amores, desilusiones y momentos maravillosos. Un viaje íntimo y basado en la euforia de la niñez, los sísmicos cambios de una familia moderna y el paso del tiempo. Boyhood (Momentos de una vida)

Critica:

I. Doce años de rodaje.

¿Es ‘Boyhood’ mejor, o más honda, por el hecho de que su rodaje haya ocupado un espacio de 12 años y haya sido sintetizado en el metraje de una sola película? Personalmente, lo dudo; y quizás las loas que está cosechando la película se vean facilitadas por una analogía, inevitable e inquietante, tanto como evidente: el envejecimiento de los personajes corresponde a un envejecimiento real de los propios actores. La sugestión de que lo que se está viendo, por ende, es más auténtico que cualquier otra película en que los actores hayan sido reemplazados o en que se haya simulado el paso del tiempo, es tremenda; y recalco la palabra ‘sugestión’. En cierta manera, esta extensión temporal puede interpretarse como un ‘logro metafílmico’; pero yo creo que sería más adecuado etiquetarlo como un ‘dato extra-cinematográfico’; pues la esencia de la película, a fin de cuentas, no está en las vicisitudes o particularidades con que se haya desarrollado el rodaje. La esencia podría haberse captado de igual forma sin la continuidad de los actores en el espacio de una década. Pongamos por caso que la misma ‘Boyhood’ hubiese sido rodada en el espacio de un año y medio, que Patricia Arquette e Ethan Hawke hubiesen sido envejecidos mediante maquillaje, y que Ellar Coltrane hubiese sido interpretado por diferentes actores con una fisonomía asombrosamente similar, ¿estaríamos hablando de una película diferente, peor, menos interesante? Puede; pero, en tal caso, el baremo con que la estaríamos midiendo sería ajeno al contenido de la película en sí; puesto que la película, en su estructura, en su temática, sería la misma; con diferente rodaje, pero idéntica esencia.

II. El paso del tiempo

‘Boyhood’, lejos de la revolución temática que está suponiendo para muchos, a mí me parece redundar en un tema que ha sido multitud de veces tratado sin tanto cacareo promocional. Ejemplos de películas que también tratan el paso del tiempo y el cómputo de momentos que acaba restando de la vida de un individuo (y que, además, son esencial y visualmente superiores), los tenemos en ‘Pather panchali’, ‘Aparajito’ y ‘Apur sansar’ (la trilogía de Apu), ‘Barry Lyndon’, ‘El desierto de los tártaros’ y, apurando, incluso ‘Fresas salvajes’. El propio Linklater ya caminó por estos senderos con la trilogía de Jesse y Celine. Con esto quiero justificar el porqué ‘Boyhood’ no me parece, en absoluto, una película estrictamente original; salvo, volvemos, por su premisa (extra)cinematográfica, a la que no concedo un valor más allá de la curiosidad.

III. Vínculos emocionales

‘Boyhood’ me parece una película convencional; lo digo ya. Y sólo ha conectado conmigo (que lo ha hecho) a niveles convencionales. Yo también he vivido modas, he crecido junto a fenómenos televisivos y, a ciertos niveles, soy producto de una coyuntura social determinada. Me ha tocado vivir ciertos acontecimientos históricos, y no otros. He recibido alguna que otra colleja en el colegio, he charlado larga y despreocupadamente con mis compañeros de clase sobre banalidades y también me tocó despedirme de un primer amor, a día de hoy sepultado en la memoria. Lo que agradezco a Linklater, y esto infla considerablemente mi voto, es que haya comprendido, con la lucidez necesaria, que presentar la vida de Mason de la forma más cotidiana y trivial posible era el modo perfecto de simbolizar el paso cadencioso, casi imperceptible, con el que va discurriendo el tiempo. La vida, exactamente, está lejos de epicidades melodramáticas. En ‘Boyhood’ no ocurre nada que se salga de lo cotidiano: ¿habría de ser de otra manera? Al pasear por la infancia y adolescencia de Mason, han relampagueado en mi memoria momentos similares de mi propia historia y, curiosamente, eran evocaciones y recuerdos de momentos completamente intrascendentes; nimiedades sin importancia alguna pero que, extrañamente, ahí han quedado.

IV. Naturalismo y vida real

Andrei Tarkovsky, a propósito de Robert Bresson, escribió: “Su propósito era eliminar la frontera entre la imagen y la vida real. En otras palabras, quería que la vida real causara su efecto expresivo, en imágenes”. Con esta cita no pretendo comparar a un buen director con un genio, pues sería injusto y casi ridículo; simplemente quiero constatar que existen ‘formas’, más elevadas y menos elevadas, de hacer Cine de la ‘vida real’. Hay una diferencia, no desdeñable, entre presentar ‘hechos’ y limitarse a no adornarlos para que parezcan genuinos, y hacer que el hecho cotidiano, presentado como continente trivial, trascienda mediante claves conceptuales muy determinadas. En este sentido, la naturalidad de ‘Boyhood’ no me parece estéticamente relevante, ni inventiva, bajo ningún concepto.

V. La escena.

Tras tres horas de visionado, hay un momento que, en mi cabeza, restalla con fuerza, una imagen que casi justifica el visionado de la película entera. Ellar Coltrane crío, sentado en el espacio terroso que separa dos casas, observa, como “dándose cuenta”, el cadáver descompuesto de un pájaro entre el polvo.

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